La cocina es uno de los lugares de la casa donde más energía consumimos, ya que concentra los electrodomésticos de mayor potencia. Cambiar la forma en la que preparamos nuestros alimentos puede suponer un alivio importante para tu bolsillo.
- Aprovecha el calor residual: Al cocinar en vitrocerámica o en el horno, apaga el fuego unos minutos antes de terminar. El calor acumulado en la superficie o en el interior será suficiente para finalizar la cocción de los alimentos sin gastar electricidad extra.
- El microondas es tu aliado: Siempre que sea posible, opta por el microondas en lugar del horno tradicional. Calentar o cocinar en él consume hasta un 60% menos de energía y reduce drásticamente los tiempos de preparación.
- Optimiza el uso de la nevera: Evita abrir la puerta del frigorífico constantemente para no perder el frío. Además, nunca introduzcas alimentos que aún estén calientes, ya que el motor tendrá que hacer un sobreesfuerzo enorme (y consumir mucha más luz) para volver a estabilizar la temperatura interior.
- Usa siempre la tapa: Parece un detalle menor, pero poner la tapa a las ollas y sartenes cuando hierve agua o se cocina un guiso evita que el calor se escape, reduciendo el tiempo de cocción casi a la mitad.